DECLARACIÓN DE FE

I. LAS ESCRITURAS

La Santa Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados y es el registro de la revelación que Dios hace de sí mismo al hombre. Es un perfecto tesoro de instrucción divina. Su autor es Dios, su fin es la salvación y su tema es la verdad, sin niguna mezcla de error.

II. DIOS

Hay un solo Dios verdadero y viviente. Es un Ser inteligente, espiritual y personal; es el Creador, Redentor, Conservador y Gobernante del universo. Dios es infinito en santidad y en todas las otras perfecciones. A Él le debemos el amor más elevado, reverencia y obediencia.

A. Dios el Padre

Dios como Padre reina con cuidado providencial en su universo, en sus criaturas, y en la corriente de los ríos de la historia humana según los propósitos de Su gracia. Él es todopoderoso, todo amor y todo sabio. Dios es verdaderamente Padre de todos aquellos que llegan a ser sus hijos por medio de la fe en Cristo Jesús. Él es paternal en su actitud para con todos los hombres.

B. Dios el Hijo

Cristo es el Hijo eterno de Dios. En Su encarnación como Jesucristo fue concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Jesús reveló y cumplió plenamente la voluntad de Dios, tomando sobre Sí mismo las necesidades y las demandas de la naturaleza humana e identificándose completamente con la humanidad y sin embargo, no tiene pecado. El honró la ley divina con su obediencia personal y en su muerte en la cruz proveyó la redención de la humanidad, liberándola así de la esclavitud del pecado. Fue levantado de entre los muertos con un cuerpo glorificado y apareció a sus discípulos como la persona que estaba con ellos antes que fuera crucificado. Ascendió a los cielos y ahora está exaltado a la diestra de Dios Padre, donde es el único Mediador, y tiene la naturaleza de Dios y del hombre. Él volverá con poder y gloria para juzgar al mundo y para consumar su misión redentora. Él ahora mora en todos los creyentes como el Señor viviente y omnipresente.

C. Dios el Espíritu Santo

El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios. El inspiró a hombres de la antigüedad para que escibieran las Escrituras. Mediante la iluminación Él capacita a los hombres para que entiendan la verdad; exalta a Cristo; convence de pecado, de justicia y de juicio; llama a los hombres para que acudan al Salvador y efectúa la regeneración; cultiva el carácter cristiano, conforta a los creyentes y les otorga los dones espirituales por medio de los cuales ellos sirven a Dios como parte de su iglesia. Él sella al creyente hasta el día de la redención final. Su presencia en el cristiano da seguridad de que Dios conducirá al creyente hasta que este adquiera la plenitud de la estatura de Cristo. Él ilumina y da poder al creyente y a la iglesia en la adoración, la evangelización y el servicio.

III. EL HOMBRE

Dios, por un acto especial, creó al hombre a su propia imagen; por lo mismo él es la obra culminante de la creación efectuada por Dios. En el principio, el hombre era inocente de pecado y estaba revestido de libre albedrío por su Creador. Haciendo uso de su libertad de decisión, el hombre pecó en contra de Dios e introdujo el pecado en la raza humana. Mediante la tentación de Satanás, el hombre desobedeció el mandamiento de Dios y perdió su inocencia original; por esto su posteridad heredó una naturaleza y un ambiente con tendencias a pecar; y tan pronto como esa posteridad es capaz de realizar una acción moral queda bajo la posibilidad de convertirse en transgresora de la ley divina y de sufrir la condenación. Solamente la gracia de Dios puede hacer que el hombre vuelva a estar en santa comunión con Dios, y puede capacitar al hombre para que cumpla el propósito creativo de Dios. El carácter sagrado de la personalidad humana es evidente: porque Dios creó al hombre a su propia imagen y porque Cristo murió por el hombre; por lo tanto, cada hombre posee dignidad y merece respeto y amor cristiano.

IV. SALVACIÓN

La salvación comprende la redención del hombre, de todo lo que es, y se ofrece gratuitamente a todos aquellos que aceptan a Jesucristo como Salvador y Señor, quien con Su propia sangre obtuvo la redención eterna del creyente. En su sentido más amplio, la salvación incluye la regeneración, la santificación y la glorificación.

V. LA IGLESIA

Una iglesia neotestamentaria del Señor Jesucristo, es un cuerpo local de creyentes bautizados los cuales están asociados, por medio de un pacto, en la fe y en la confraternidad del evangelio; observan las dos ordenazas de Cristo y se someten a sus enseñanzas, ejercitan los dones, los derechos y los privilegios con los cuales son dotados por Su Palabra, y procuran anunciar el evangelio hasta los fines de la tierra.
Esta iglesia es un cuerpo autónomo que obra por medio de un procedimiento democrático bajo el señorío de Jesucristo. En dicha congregación los miembros son igualmente responsables. Sus oficiales bíblicos son pastores y diáconos.
El Nuevo Testamento habla también de la iglesia como el cuerpo de Cristo, el cual incluye a todos los redimidos de todos los tiempos.

VI. EL BAUTISMO Y LA CENA DEL SEÑOR

El bautismo cristiano es el acto de sumergir al creyente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es un acto de obediencia que simboliza la fe del creyente en un Salvador crucificado, sepultado y resucitado, la muerte del creyente al pecado, el sepultar la vieja vida, y la resurrección para andar en una nueva vida en Cristo Jesús. Es un testimonio de su fe en la final resurrección de los muertos. Puesto que es una ordenanza de la iglesia, el bautismo es un requisito previo al derecho de gozar de los privilegios de miembros de la iglesia y participar en la cena del Señor.
La cena del Señor es un actor simbólico de obediencia mediante el cual los miembros de la iglesia, al participar del pan y del fruto de la vid, recuerdan la muerte del Redentor y anuncian Su segunda venida.